sábado, 27 de abril de 2013

Reflexión cultural actual.

Hace algunos días estuve reflexionando sobre varias cosas de la cultura y cómo nos afecta a todos. Me refiero a la complicidad que no existe entre quienes abogan por lo que denominamos como cultura y que en vez de favorecer el crecimiento socio-cultural, entorpecen su desarrollo dejando merma en ello. Considero que para tener una base bien argumentada de, otra vez, cultura, es necesario tener un cimiento de ideas que sirvan como sustento para su evolución lógica y no una involución que al parecer abarca más en la actualidad de lo que debería como natural. Por lo que surgen dudas: ¿Cómo es posible que la tecnología en todas sus ramificaciones avance a pasos tan agigantados y las sociedades parece que se vienen abajo? Sé que hay temas de educación aquí que no pretendo abordar, porque lo que veo es una falta de compromiso que ya no digo social, sino cívico; que tampoco, porque mejor dicho, y con bases, sería humano. Y por cierto, ¿dónde se han perdido estos valores, los humanos? ¿Dónde queda la complicidad y empatía? ¿Dónde está entonces el desarrollo humanitario que salva culturas a través de la historia? Y no me refiero a activistas sin argumentos, me refiero al argumento en sí, al compromiso social del que tanto se habla y que no se da muestra de ello.

El tema no es tan complicado, pero puede ser extendido y desarrollado al antojo de quien así lo quiera, pero en este caso, reflexivo, solamente dejaré constancia (desde un punto de vista como espectador) de que si el tema sigue así, en plan me la sudan los demás, "lo mío pa´ mi saco", la decadencia de contenidos está muy cerca y por ende, la decadencia cultural será inminente, lo que acarreará como consecuencia, que las sociedades contemporáneas actuales, se sumen al sistema que ya empieza a establecerse, que es la inercia, donde solamente se vive con aspiraciones de lujo, opulencia y mierdas pseudointelectuales.

Como he dicho, esto es una reflexión.

sábado, 20 de abril de 2013

Abandono y decadencia.

Fotografía de Jordi Coll (abandonoydecadencia.blogspot.com.)

Jordi Coll me invitó a participar en su blog, donde publica parte del trabajo fotográfico que tiene. A mí me envió diez imágenes que son un lujo. Luego me puse a escribir y salió una historia que me gustaría compartir.

Antes dejaré la explicación que Jordi ha escrito para describir su blog:

"Abandono y decadencia surge de la necesidad de dar salida al interés por los lugares abandonados. Pero no se trata de un blog de reportajes al uso. Nos encontramos en este caso con una serie de colaboraciones entre amigos de las cuales surgen diversas ideas generadas por las fotografías de lugares abandonados y decadentes. Series de 10 fotografías entregadas a diferentes creadores de distintas disciplinas artísticas, sirven como base a la creación de textos desde la ignorancia de sus autores en lo que respecta a la localización o actividad de los lugares que en dichas fotografías se recogen. Estos textos nacen sin ningún tipo de premisa previa, sin ninguna atadura en cuanto a formato, temática o extensión. Tan solo tienen que reflejar aquello que las fotografías han removido en el interior de los escritores. Un experimento que une la pasión por la fotografía, el interés por los abandonos, y sobre todo, la suerte de la amistad."

Comparto:

La vida da muchas vueltas y cuando menos te lo esperas, puedes ser tú el que esté ahí, en la calle, sin trabajo, sin dónde dormir y buscando la forma de sobrevivir un día más; donde cualquier forma puede ser buena: desde pedir alguna moneda, hasta aguantar las noches debajo de un puente, pasando el rato echando un trago de algún aguardiente barato. Ésto es algo parecido a lo que me pasó a mí, y que por poco la palmo. Lo interesante es que nunca supe por dónde y de pronto la vida dio un giro, una especie de “golpe de suerte” que me salvó, como si la conspiración del universo estuviera poniéndome una prueba y ya que la había superado, ¡plaf!, ahí lo tenía: una casa, un trabajo, una mujer... De nuevo enrolado al sistema social que nos tiene cogidos por los huevos aunque no lo queramos, ya sabes: cásate, ten hijos, busca un mejor empleo, jubílate, despídete de tus queridos, muere dignamente…, y así también tus siguientes generaciones, una y otra y otra y otra más hasta el final de los tiempos.

Si quieres leer el texto completo con todas las fotografías haz click aquí.

jueves, 18 de abril de 2013

Máscara sobre cara.


Meses atrás me enviaron esta fotografía escaneada. Máscara sobre cara tallada en madera. Hoy la cuelgo porque la encontré hace algunos días y creo que viene bien con lo que vivo como cotidiano en casi todos los aspectos, y más que lo que vivo, lo que veo. 
Por cierto, interesante la temática de las sociopatologías dentro de la psicología aplicada al individuo que está dentro de las masas, no dentro de la materia. Lo digo porque estaba leyendo unos textos adecuados del Dr. Maravilla. Nada que asuste a cualquiera y nada que tenga qué ver con la imágen de la fotografía.

Pero no me centraré en temáticas de introspección, no tienen razón de ser en estas letras, pues su finalidad es utilizarlas como medio —las letras, no las introspecciones— y eso pretendo hacer justo ahora. 
Lo interesante de la fotografía, o por lo menos en lo que llega a seducirme como interesante, es su estética pura y dura artesana, donde la imagen llega a trasmitir una dualidad dentro del mismo material: por un lado y decantándome en la técnica (por oficio), gracias a la sutileza que el tallista emplea con ella, se ha trabajado estilizando mucho más la talla posterior; y por otro, la talla que está detrás, se muestra rugosa y quizá áspera a la vista. Aún así, y ya dentro de parámetros meramente de neurolingüística, se percibe tristeza en la expresión de la talla externa, mientras que en la interna no se pueden dictaminar sensaciones porque no hay ángulo de campo de visión para evaluar la imagen.

Lo que sí, es que veo una hermosa metáfora aquí, casi poética. La imagen me ha llevado a la reflexión y luego a la soledad y luego al desvelo, quizá por eso hablo de ella como si fuera algo importante.
Y ya puestos, ¿qué es lo importante?

Tal vez nada en esta imagen sea lo suficientemente importante para ser importante, de la misma manera que podría serlo todo. Aunque ahora mismo la imagen ya tiene una importancia nula, pues ahora que lo escribo, deja de tener sentido seguir escribiendo sobre la fotografía que no es sino una imagen que representa a la fotografía y que ésta no es más que la representación de la talla que lleva consigo, representaciones humanas de su creador, del artesano. Por lo tanto, hablar de ello sería traducir en estratos lo que ya no es, y por consecuencia escribir de ello sería sumar un estrato de subnivel que de manera artificial retoma la reinterpretación de otro medio no artificial, que sería la mirada, o mejor dicho, el instante de la mirada, pero no cualquier mirada, sino la mirada exacta de la que el artesano copió lo que traduciría en una talla. Esto es, reinterpretaría sobre la madera.

Tampoco es para agobiar, solo son palabras, un juego de palabras que se está convirtiendo en un medio más para entender lo cotidiano, que en este caso, serían las máscaras, una como cualquier otra, incluso como la tuya, o como la de los demás, que esconde lo que solamente el portador conoce y a veces ni él.

¿Qué hay debajo de mi máscara? ¿Y de la tuya?


sábado, 13 de abril de 2013

Lo absurdo [fragmentos de metafísica y espasmos en las letras: ausencia de desenlace.]

Fotografía de detalle de fotografía en un periódico.

No había más. Cerré el libro al leer el último punto. Fin.
El teléfono sonó.
Era Celma.

—Hola. Soy yo.
—Qué coincidencia. Justo ahora acabo de terminar un libro que me hizo pensar en ti.
—¿Si?, ¿y de qué iba?
—Pues... Es un tema difícil de explicar, pero si quieres podemos quedar, nos bebemos unas birras y te lo dejo.
—Mmmm... Es que te gustan unos libros muuuy raros y no sé si me va a gustar. Pero lo de las birras sí.

Seguimos hablando un rato, quizá otros diez minutos y luego colgamos.

El libro estaba en la cama, era quien me había hecho reflexionar sobre la vida y la sacralidad de las cosas. Al terminar de leerlo un cambio brutal había sucedido en mi interior. Antes de él yo era una persona muy "normal", ya sabes: familia, trabajo, casa, amigos, fiesta, ropa, tele, más libros; porque siempre hay más, así como películas en el cine y en casa; luego gente, bailes, cenas, risas, nuevas historias, recuerdos, lágrimas, modas, frases, sueños, viajes, más gente, palabras... Normal, normal, una persona muy normal. Pero a cada página que seguía leyendo, me daba cuenta de que la vida que estaba llevando no era una vida completa. Un vacío crecía sobre mí en cada párrafo leído. Algo sucio y oscuro se apoderaba de mi pensamiento. Puto libro, con lo tranquilo que estaba sin tanto comedero de cabeza. ¿Cómo era posible que un objeto fuera capaz de cambiarme? Por eso nunca me ha gustado leer temas raros, siempre he preferido las novelas policíacas sencillas, donde hay un detective que sin complicaciones, o las justas, va descubriendo algún misterio que termina en logros; porque es lo que me gusta, que el final sea feliz, no como este libro que me ha dejado un abismo de dudas. Ya no sé quién soy. Ni qué quiero. Ni a dónde voy. ¿Alguien lo sabe? ¿Lo sabes tú?

Celma había terminado sus estudios en la National Spectrum University, y ahora era una estupenda especialista en fenómenos paranormales dentro de lo que se comprende por metafísica aplicada. La solicitaban en muchos países para grandes y pequeños proyectos de actuación e investigación espectral. Pero no le interesaba nada que fuera ajeno a lo que estaba acostumbrada: la sencillez que puede aportarte la tranquilidad del pensamiento, o éso era lo que ella decía.
En cambio yo, estaba pasando por un momento de crisis existencial y no sabía qué era exactamente lo que me sucedía.

Lecturas y relecturas. Es lo que tienen.

domingo, 31 de marzo de 2013

Mob Rule



El proyecto aún está en el laboratorio, esto es, está en proceso de experiementación y desarrollo, por lo que ahora mismo solamente goza como estructura de una página de facebook que puedes visitar aquí mismo: Mob Rule Facebook.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Una persona que no eres.

No sabes qué hacer con tu vida porque no sabes ni qué es lo que quieres. Estás ahí, perdido, sin rumbo.
Luego vienes y cuentas cosas sobre tus logros, sobre tus planes y sobre lo que pretendes hacer. Pero no lo haces.
El teatro ya no te vale. Fracasas con él. Has olvidado cómo actuar. Nadie quiere que estés en su obra. Ya ni lo intentas.
Buscas trabajo de otra cosa, lo que sea. Pero nadie te contrata, nadie se fía de ti. Ya no te preocupas ni por ducharte. Hueles mal. Tienes mala pinta. La barba te crece, y el pelo, y las uñas.
Pasa el tiempo y te comportas como otra persona, una que no eres tú. Ya no puedes pagar el alquiler. Lo primero en suceder es que te cortan la luz. Sin luz no funciona el calentador, ni todo lo que funcionaba en tu cocina. Nada en tu casa es válido. Todo es eléctrico. Pero sobrevives. Los enlatados te salvan. Luego es el agua lo que cortan. Sin agua tu higiene empeora, ya no sólo eres tú quien apesta. Todo apesta en donde vives, tu vida apesta, lo sabes. 
El casero amenaza con echarte si no pagas. Luego es la policía quien lo intenta. Tienes sed. Entonces coges lo básico y te largas de ahí, nadie necesita una casa, ni cosas. Lo primero que haces es deambular, hace mucho tiempo que no ponías tanta atención en las calles. Vives en una ciudad hermosa y casi no lo habías notado. Y ahí estás, en una de las plazas principales que te recuerda otro de los lugares más bellos en donde alguna vez estuviste. Te sientas en la fuente y respiras, y bebes agua ayudándote con la mano, y aún respiras más y lo notas, y lo notas más que antes. Tienes hambre, y duele. Los zapatos te sobran, así que te descalzas y te pones a andar. Una mujer te mira y tú a ella, no hay odio, pero sí pena. Sientes pena por ella, tiene algo en la mirada que da tristeza. 
Te acercas a la basura y por primera vez encuentras algo ahí que jamás buscaste: comida. Ya no tienes miedo. Eres libre y no sabes qué es la felicidad, pero nunca lo has sabido. Ves un periódico en el suelo y lo recoges, te sientas y lo hueles, es papel de periódico y te encanta, así que no lo lees pero lo guardas en tu mochila. Luego sacas de la mochila cosas que no te sirven y las tiras al suelo. No necesitas nada de eso. No necesitas nada, solo la mochila vacía y un periódico. Un hombre te ve y se acerca, te da una moneda. La miras y no entiendes qué pasa ahí, ya no eres tú el de los planes, ni ese que eras antes con ideas y propuestas. Ahora estás y lo sabes y huele y duele y pesa. Entonces el tiempo se detiene y sigues con la respiración pausada. Te levantas y buscas algo, pero no sabes qué es. El suelo es rugoso y áspero. Llegas a un jardín y te tumbas. Un tipo uniformado te pide que no pises el césped, pero no lo escuchas, los pájaros tienen mejor sonido que su voz. Y ahí estás, con tu mochila y tu olor y tu vida que ya no es vacía ni de mierda. Estás tan libre que por un momento sientes cómo algo te invade desde dentro y explota en tu cara con una sonrisa de plenitud y satisfacción, entonces lo notas, eres feliz y no necesitas nada, ya no actúas, ahora eres y estás y lo sabes, y respiras.
Una patada te saca del trance y te trae al presente y a la materia que duele. Ahora son tres uniformados los que te insisten que salgas del jardín. No haces caso. Entonces te insultan, pero para ti no es suficiente. Ahora te patean con fuerza y arrastran, pero no te importa. Pobres imbéciles, no saben nada. Tontos infelices con sus trabajos y sus casas y sus mierdas. Así que cierras los ojos y dejas de escuchar y de sentir. Y por un instante todo cuanto está, es. 
Y entonces
mueres.

Abres lo ojos. Te despiertas.
Qué sueño más raro acabas de experimentar.
Te levantas de la cama y sientes cómo una sensación incómoda invade tu cuerpo. Qué mal sería no tener todo lo que tienes. Así que te duchas y vistes y desayunas y sales de tu casa y vas a tu trabajo y luego vuelves y ves la televisión y practicas sexo con tu mujer y te duermes. Y así toda tu vida con variantes, con viajes y con cosas, muchas cosas. Luego tienes hijos y crecen y mantienen tu ritmo. Y algunas tardes eres quien da monedas a quienes las piden. Entonces olvidas tus sueños, y olvidas respirar y notar que existes. Y luego..., mueres, tienes una muerte real. Y nada ha valido la pena, porque en algún instante, cuando quizá lo reflexionaste, no hiciste nada. Para qué.

 

domingo, 24 de marzo de 2013

Gente y los que dejan de ser gente.

Fotografía retocada de señalización en carretera.

El texto era el siguiente:

"No sé tanto sobre la gente. Nadie sabe nada sobre la gente. Todos creemos saberlo todo sobre la gente. La gente es nada, es gente. La gente no sabe nada de la gente. Lo que sabe la gente de la gente es nada. Nada es la gente. La gente es nada. Nada de gente."

Cerré el libro para seguir sin saber nada de la gente ni de nada y porque se me hacía tarde para ir a beber cervezas y hablar con gente, quizá de gente.

Fuera llovía. Lo malo de la lluvia es que siempre hace pensar en que sería mejor no salir y quedarse lejos de la gente. La mayoría de gente piensa igual. ¿Será que en el fondo no nos gusta la gente?
Salí con un paraguas. Pedí un taxi. 
La gente necesita desahogarse, y el taxista se desahogó conmigo como si se lo estuviera rogando. Me habló mal de gente que quería que él quisiera a gente o no sé qué cosas que me estaban confundiendo, pero era algo así como que la gente le estaba torciendo el brazo para que quisiera más a la gente. Yo estaba mareado de escuchar cosas de gente y cosas de gente y más gente que habla de gente con historias de gente. Pensé incluso que la gente daba asco. Asco de gente. Luego me bajé del taxi y el taxista dejó de ser gente, no sé cómo lo hizo pero el muy cabrón ahí estaba y ya no era gente. 

Había dejado de llover y la calle se llenaba de gente, así que apuré el paso para evitar gente y que la gente no tuviera la necesidad de evitarme, como gente. Al final de la calle estaba el bar, evidentemente lleno de gente. Entré. Ahí había mucha gente, que tampoco entiendo cómo, pero que algunos ya no eran gente ni nada y quizá lo interesante es que ni ellos ni yo lo entendíamos. En fin, para no perder las posturas ni las costumbres (muy de gente), nos pusimos a hablar de gente. Mal de gente teníamos entonces y nos emborrachamos y la gente dejó de ser gente y nos reímos y hasta cantamos temas de gente. Cerró el bar y nosotros volvimos a casa, cada uno a la suya y con su gente. En mi casa no había gente y de pronto me dí cuenta de que yo era gente y no había más y así amanecería y pasarían los días y los meses y la gente.

Definitivamente sé poco de la gente, pensé, y al cerrar los ojos, gente. Y al dormir, gente. Y aun así, sé tan poco de la gente que siempre será y dejará de ser gente. Como tú, que eres gente y luego no y luego sí y luego no y luego sí. Como yo, gente y no y sí y no y sí.

Volví al libro y seguía ahí con sus temas de gente que involucra gente que escribe gente, así que decidí dejarlo a un lado y nada, fue entonces cuando me dieron ganas de ver gente, o a los que ya no son gente.