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domingo, 9 de noviembre de 2014
Transpolando 2 situaciones [variación de foco].
El enfoque de la fotografía anterior enfoca una mesa de centro chapada en metales blandos. En el reflejo, una mujer aparece y al invertir la imagen de manera vertical el resultado es un gráfico que no corresponde a la identidad de la misma.
El resultado de una fotografía realizada utilizando como filtro un frasco de cristal con metanol, la imagen cambiando los colores por sus antagónicos, ofrece un estimulante aspecto si centramos la atención en el reflejo de luz.
viernes, 17 de octubre de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
miércoles, 25 de diciembre de 2013
viernes, 15 de noviembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
Humanizar a un ser vivo no humano.
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| Fotografía de Mía con retoques geométricos. |
Tengo tres gatos: Decó, Lucy y Mía. He pensado que pueden percibir cosas que ni siquiera llegamos a comprender nosotros los humanos. Es una sensación que he tenido desde —casi— siempre, algo que he pensado por sus miradas, por cómo parece que atraviesan todo cuanto les rodea. Esto que digo, creo que es por mi condición pensante de humano, eso de querer racionalizar todo y humanizar lo que está cerca de mí: seres vivos con los que cohabito. El error del que no solamente padezco yo, pues un porcentaje muy alto creo que también sufre de ello; esto de creer que todo ser vivo no humano, puede racionalizar como humano, como popularmente se dice "el león cree que todos son de su condición". Y es así.
Ahora bien, si somos capaces de identificar que no podemos humanizar a los seres vivos no humanos —sería absurdo y obsoleto intentar hacerlo—, ya que tienen otros sistemas de pensamiento (...), entonces podemos decir que tampoco podemos generalizar al humano mismo, pues habrá que centrarse en la diversidad generalizada de pensamientos y en que no todos tenemos las mismas maneras de percibir lo que sucede en nuestro entorno. Todo se reduce a la sencillez de que cada uno mira como le es posible mirar y no hay más.
Y si ahora nos centramos en la creatividad, ya en sí compleja, entonces estaremos frente a una dificultad, que sería tratar de realizar "algo" que fuese para el gusto de todos, y tampoco va de eso el tema, porque no se trata de alcanzar un gusto generalizado para todos (hey, por lo menos no en mi caso, no pretendo eso), ya que sería casi imposible; más bien se trata de transmitir la percepción personal como autentica sin obligar a los demás a que empatan. Por lo tanto el reto sería centrarse en que la realización de cada acto (ejecuciones temporales), que deberán ser pretendidas y abordadas con la excusa de hacer algo (acción, obra, actividad) por y para el disfrute y satisfacción personal, sin el deseo de predicar un nuevo evangelio que sea capaz de cambiar al mundo entero. Esto es, saber identificar que la diversidad del pensamiento y por lo tanto de la percepción, es tan amplia que ya la complejidad de uno mismo sería casi infinita y por lo tanto abordar a la entera humanidad con sus pensamiento sería imposible, aún empatando con ello y generalizando específicas humanidades.
Vamos, que mis gatos son gatos.
jueves, 10 de octubre de 2013
Siempre más.
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| Fotografía desenfocada. |
Siempre más, me dijo, y tenía razón, era lo que quería, "siempre más", y cuando lo dijo su tono ya era de cansancio, de astío, era un tono que anunciaba que habría más, que diría más, pero no lo dijo y encajó la mirada en la carta, en las bebidas, mientras yo me ponía con el teléfono a buscar algo, o nada, luego hice una llamada, no recuerdo bien a quién ni de qué hablé, pero recuerdo que hice la llamada mientras ella buscaba entre líneas en la carta algo para beber, y la múscia de fondo era suave, pero no lo suficientemente suave como para no notarla, pero no era estorbosa, era suave pero no un estorbo, ni estridente ni demasiado suave, era agradable, pero lo agradable que pudiera ser no influía en nosotros que no estabamos ni suaves ni agradables, ella decía "siempre más" cuando se refería a mí y a que siempre quería más, a mi insatisfacción, a que no me parecía nada correcto y yo nada, hacía como que no me enteraba y me ponía con el teléfono y luego ella se sumía en sus pensamientos o en la búsqueda de algo para beber, o en nada, y yo la miraba y no sabía qué hacíamos ahí, mientras la música era suave, no estridente, pero sí suave y no me estorbaba, me era indiferente, pero lo que vivíamos ya no podía ser indiferente, más bien estorbaba, y sí, quería más, "siempre más", pero no de ella ni de alguien, solo quería más de todo, de la música y de los sitios y de la comida y del lugar, no era una queja pero quería más y ella no entendía y se quedaba con mi insatisfacción, pero no estaba insatisfecho y ella no podía verlo, solo veía que quería más, "siempre más", dijo y nada, ahí estábamos sin saber qué hacíamos y la música suave no estridente y las bebidas que aún no pedíamos y la llamada que yo hacía, misma que no recuerdo, y ella con su astío y cansancio, pero no dijo más, se quedó con las palabras "siempre más" y luego nada, pidió una bebida que no recuerdo y yo otra y luego nuestro silencio y la música que no era suave ni estridente, pero que no estorbaba, como lo nuestro que sí y que sin saberlo nos consumía, pero ahí estabamos y ella sin aceptarlo también quería más, "siempre más", como decía, y así era, "siempre más", como todos queremos, como cualquiera, "siempre más", no como queja, pero sí un "siempre más" que al final es eso.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Bajo fotografía de "CONSTANCIA" y seis apartados.
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| Fotografía de un metal decapado que pone "constancia". |
I
Hace unos años hice un viaje del que todavía no he regresado. Empezó como una aventura, de esas en las que coges una mochila y la llenas de ropa, y también algún libro que crees oportuno aunque sabes que tal vez no lo leas, pues en los viajes siempre suelen pasar sorpresas, como creer que al sitio donde viajas te va a saludar un conocido en la calle; aún así siempre hay posibilidades de que pase, de que alguien, quizá un antiguo amigo te de la mano, Hey, qué pasa, te diga, y luego te vayas a beber alguna cerveza con él y después a dar un paseo y a visitar el museo de arte moderno durante veinte minutos y después de comer y cenar juntos, lo que siga sea una fiesta donde los invitados, de diferentes nacionalidades, estén contando chistes de los que no te enteres por no hablar el idioma, pero eso te de igual y al rato de estar ahí, se te acerque una chica y te diga cosas en castellano, y después de unas horas de estar hablando y bebiendo cervezas, te la lleves a la cama, a su cama (¿quién se lleva a quién?) y al día siguiente despiertes con ella y con resaca, luego le prepares el desayuno para hablar del pasado, de qué es lo que te lleva ahí y a ella, preguntas que no respondes, no sabes responder, no tienes las respuestas, quizá sea casualidad, Casualidad de las buenas, te diga, y ahí estés, en su casa, decorada con un peculiar estilo brasileño, estilo de bailarina, claro que es bailarina, con ese cuerpo no puede no serlo, por dios. Entonces te duches, y ella y salgas a dar un paseo, por supuesto, juntos, y te muestre la ciudad, Qué preciosa ciudad, algún día viviré aquí, le digas y ella sonría, siempre has pensado que lo más importante de una mujer es su sonrisa, si no sonríe no te convence y simplemente te alejas, ya no le compras la moto a cualquiera, muchas ya lo han intentado antes y siempre es lo mismo: ese bucle que te lleva de un lado a otro sin masticar chicle, pero esta vez no, es diferente, ahí estás, creyendo que es hermosa y luego pasen cinco días y sigas ahí, juntos, codo a codo y te diga que te quedes y aceptes, qué más da, no tiene importancia dónde, sino con quién, lo tienes claro, lo tuviste claro desde una tarde que casi te mata un tipo que iba discutiendo con su mujer en el coche, era jueves o miércoles, no lo recuerdas, pero recuerdas con quién. ¿O estabas solo?
Es una cosa muy curiosa eso de los recuerdos, siempre tenemos montones de ellos, pero no son tan nítidos o completos, son vagos y con rupturas, hay huecos, un recuerdo viene a ser la nada, fotografías en la imaginación con audio, y audio malo, pero qué sé yo de los recuerdos, y qué sabes tú, nada más que no se sepa en general -ni menos-, lo que sí, es que en los recuerdos normalmente no almaceno el día de algún suceso en concreto, esto es muy personal, muy de: cada quién recuerda como cada quien puede, un ejemplo de los recuerdos son las grandes celebraciones: que te acuerdas de ellas, pero no con claridad del día de la semana que era. Al final, los recuerdos, solamente eso son, y lo importante es que aquí estamos, ahora y no cuando empezó la aventura. Por eso escribo que continúo con el viaje, un viaje que sigue y no se detiene hasta que se acabe lo que conocemos por vida. También por eso creo que es imposible regresar, no hay dónde; estoy convencido de que no se puede, físicamente no cabe el regreso, pues para empezar no puedes regresar si nunca te has ido, y eso ya sería entrar en discusiones de tiempo-espacio en las que no entraremos; la historia es que si siempre has viajado ya no existe un atrás, o aunque exista, pues al final todos hemos tenido un antes, un camino recorrido, del que nos quedan recuerdos, buenos y malos: fotografías con audio en baja definición. Pero esto sigue y allá la posible brasileña que es bailarina y sonriente, y allá el hombre que discutía con su mujer, que en un instante casi me mata, pero los casis no existen, y se agradece la mayor parte de las veces, aunque no dirá lo mismo aquel que "casi se gana la lotería, si no es por el nueve... y por casi nada".
Lo importante de todo esto, que de importante tiene tanto como se juzgue, será continuar con la idea de continuar. Idea que como concepto es muy fácil de pronunciar, pero que en el momento que se tiene qué realizar ya es cuando cuesta, y bastante, incluso entenderla y conceptualizarla.
Pero como iniciaba el relato, y sin darle más vueltas, el viaje empezó como una aventura, de esas en las que coges una mochila y la llenas de ropa, algún libro que crees oportuno... Salí con mi amigo Bernardo rumbo a DF, nos habían pedido que realizáramos un documental de uno de los ensayos de la compañía de danza contemporánea Vladik Batislaf, cabe decir que nunca había estado en uno de esos ensayos, de hecho creo que solamente había estado en ensayos de una banda de rock que desapareció en el 2001, así que para mí era una nueva experiencia, y cómo se disfruta de lo nuevo, siempre la novedad nos deja con un deseo latente de volver a probar, somos muy humanos en esos aspectos. Bernardo conocía perfectamente a la compañía de danza, pues no era la primera vez que estaba con ellos: el coreógrafo había sido pareja suya años atrás y habían recorrido muchos escenarios juntos, por Bernardo y su relación truncada a causa de quién sabe qué, es por la razón que estábamos involucrados en el viaje que sería el inicio del viaje, o uno de tantos inicios, pues es muy difícil generalizar cuál fue el inicio del viaje, realmente cuál, que si lo pensamos, no sería el nacimiento, sino antes, mucho antes, quizá el viaje empieza en el inicio del todo, del cosmos, pero entrar en estas disyuntivas ya va más allá del entendimiento, por lo que mejor centrar el viaje como el inicio del viaje que represento como la actualidad que vivo. Bernardo y yo en un autobús planificando lo último de los recursos que teníamos para el documental de la compañía de danza, tema sencillo: llegar, preparar luces y cámaras, unas treinta tomas, entrevistas breves y adiós, a editar y entregar el contenido que serviría como "portafolio" para la compañía. Cosa simple sin complicaciones, hasta que llegamos y Bernardo vio a Roberto, el coreógrafo.
Lo que tenía como idea, nunca se llegó a realizar. Los cambios -algunas veces- suelen ser anodinos, incesantes y hasta intrínsecos como cualidad deformada. Bestialidades que emergen de quién sabe donde para llevarnos a la nada. Pasos abruptos que de mal nacer se cortan emergentes como siluetas de carácter perdido; y para carácter perdido el de aquel que ya no cree en su valor, en la esperanza de ser portador de su vida como propiedad, aquel que ha dejado de un lado el viaje para ser no más que un ente que vive por inercia.
Pero como iniciaba el relato, y sin darle más vueltas, el viaje empezó como una aventura, de esas en las que coges una mochila y la llenas de ropa, algún libro que crees oportuno... Salí con mi amigo Bernardo rumbo a DF, nos habían pedido que realizáramos un documental de uno de los ensayos de la compañía de danza contemporánea Vladik Batislaf, cabe decir que nunca había estado en uno de esos ensayos, de hecho creo que solamente había estado en ensayos de una banda de rock que desapareció en el 2001, así que para mí era una nueva experiencia, y cómo se disfruta de lo nuevo, siempre la novedad nos deja con un deseo latente de volver a probar, somos muy humanos en esos aspectos. Bernardo conocía perfectamente a la compañía de danza, pues no era la primera vez que estaba con ellos: el coreógrafo había sido pareja suya años atrás y habían recorrido muchos escenarios juntos, por Bernardo y su relación truncada a causa de quién sabe qué, es por la razón que estábamos involucrados en el viaje que sería el inicio del viaje, o uno de tantos inicios, pues es muy difícil generalizar cuál fue el inicio del viaje, realmente cuál, que si lo pensamos, no sería el nacimiento, sino antes, mucho antes, quizá el viaje empieza en el inicio del todo, del cosmos, pero entrar en estas disyuntivas ya va más allá del entendimiento, por lo que mejor centrar el viaje como el inicio del viaje que represento como la actualidad que vivo. Bernardo y yo en un autobús planificando lo último de los recursos que teníamos para el documental de la compañía de danza, tema sencillo: llegar, preparar luces y cámaras, unas treinta tomas, entrevistas breves y adiós, a editar y entregar el contenido que serviría como "portafolio" para la compañía. Cosa simple sin complicaciones, hasta que llegamos y Bernardo vio a Roberto, el coreógrafo.
II
III
Más tarde, digamos un año antes de que decidiera empezar con este blog, rescaté del recuerdo, por no decir de las cajas que almaceno de recuerdos, varios cuadernos donde fui anotando -en plan bitácora- lo que sucedió a lo largo de casi diez años. No eran diarios, más bien eran libretas de anotaciones casuales sin continuidad reglamentaria, que al unir las fechas lograban convertir las anotaciones en una, como he dicho antes: bitácora de viaje.
Tras releer los escritos, pude sacar varias ideas aclarando incluso de lo que creí "inaclarable"; pues de lo que quise dejar constancia, solamente era un minúsculo fragmento de lo que ha sucedido en el lapso de tiempo que ha transcurrido desde la primera página hasta la última. Una suma de minis nadas que me aclaran instantes y remueven fantasmas, momentos que también confunden, viajes, gastos de viajes, algún dibujo, poesía suelta, palabras al azar, parte de un estar. Cosas ad libitum (style, por supuesto).
IV
Luego aquí estoy, ahora y no existe el pasado, y ya es parte de lo que me hace hacer lo que en este mismo instante hago.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Mostrando la lengua.
| Fotografía de timbre en portal de una calle de Venecia. |
"...entonces todo estaba bien, o eso parecía. La noche era como estar en casa, una cómoda situación, una relajante. No habría más disparos, todos ya habían sido realizados. Se sentó entonces en el banco que quedaba libre, los demás ya tenían dueño. Era una plaza pequeña con farolas grandes. Ahí fue cuando lo tuvo claro: si ella estaría fuera de la jugada, entonces todos se irían con ella, claro, así tenía que ser. Los hundiría. Primero a Roberto. Contaría a la policía todos los planes, les hablaría de cómo los había engatusado y dónde guardaba las armas, de cómo era el que engañó al equipo para más tarde robarles hasta los zapatos. Luego contaría lo de Armando, de cómo se había cargado a ese madero aquella noche, de cómo sin piedad le había pegado un tiro, de cómo, después de matarlo le había pateado la cara, de cómo se reía y cómo disfrutaba de su malicia, porque el muy cabrón sí que era malo, uno malo malo, uno de esos capaces de matar a su madre por unos cuantos billetes."
Cerré el libro, pedí la cuenta, pagué, dí el último sorbo al café y me puse en marcha. Venecia es una de las ciudades más bonitas que he visto en mi vida.
sábado, 20 de julio de 2013
Ruido, silecio, ruido, silencio.
Ahora es una casa de campo, mañana a saber dónde, con quién o cómo. Y mira que somos máquinas de amasar futuros, de siempre estar pensando en qué hacer y cuándo. Seres planificantes, rara vez pensantes. Luego nos vemos influenciados por todo lo externo: climas, ciudades, sitios, momentos —ahí estamos, esto es así—; incluso por sensaciones que todo esto nos deja, que son no otra cosa que los estímulos que nos hacen funcionar. Ahora mismo estoy rodeado de árboles y pájaros que cantan tan fuerte, que me hacen pensar en una ciudad con tráfico y gente: ruidos al final. Todo es ruido. Ruido. Con matices, pero ruido. Puto ruido. Oye, que tampoco es que tenga algo en contra del ruido, si hay veces que hasta es hermoso, tampoco quiero predicar una iluminación del no-ruido, de hecho me contradigo: hermoso ruido. Sin él, el silencio pleno sería capaz de matarte, dejaría que tus pensamientos te aplastaran, tanto como te puede aplastar el ruido.
Mucho bla, bla, bla y poca chicha.
Lo que pasa es que muchas veces los argumentos no llegan a serlo y se quedan en palabrerías huecas, en sonidillos, en musiquillas tontas, en hablar bajito y con mucho disimulo. Lo que pasa es que siempre se busca de dónde agarrarse y cuando ése algo no está, es cuando flaquea el rumbo. Me refiero a que se buscan aliados, ya sea en libros (normalmente de muertos, gente muerta, gente de la historia y a veces de la histeria), en colegas (gente viva aunque algunas veces no lo parezca) o incluso en recursos, como pueden ser las artes, los deportes, los blablablás muy fuertes. Esto es así: seres buscantes de algos, inconformes que pisamos las calles y entramos a bares y saludamos con sonrisas superpuestas. Luego sí, querer exponerse..., hablar de ruido, hablar de la mente, hablar por hablar..., soltar alguna mamarrachada, algún insulto gratificante, alguna obsoleta o trillada anotación de antaño... Hermosas basuras que hacen sentir el interior lleno, aunque sea una pantomima.
Una vez más ruido, y si lo piensas bien, muchísimo ruido, incluso visual, puto ruido visual por todos lados, y ¿qué me dices de los ruidos sentimentales? Ufff, ruidismos, de hecho ya puedes estudiar el tema, para ello la ruidología aborda su discurso con amplio enfoque academicista: la ruídlica. Pero no es de mi incumbencia dejar el tema al descubierto, porque entre más escribo de esto, me doy cuenta de que más ruido hago y ya apesto. Solamente piénsalo, piensa en el ruido y quizá, descubras que el silencio también es parte de todo esto.
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| Fotografía de cartel de casa ocupa en Valencia. |
martes, 4 de junio de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
Esteban Hernández, dibujante de tebeos.
Cuando conocí a Esteban pensé que me iba a encontrar con un tipo de persona que no es. Lo imaginé más serio (no es que no lo sea), tranquilo y prácticamente sin inquietudes. La imagen que yo tenía de un dibujante de tebeos —en este caso Esteban— era una totalmente diferente a la que he vivido desde hace tiempo. Conocer a Esteban me ha resultado enriquecedor no solamente por su trabajo atemporal que nada tiene que ver con las modas, ni con patrones de uso común o de úsese y tírese, sino que abre la mente y la centra en puntos que rara vez el común denominador de las sociedades se llega a centrar o siquiera a pensar en esta posibilidad, y me refiero a los temas relacionados con la introspección.
Esteban tiene la capacidad de bucear en su interior y abordar el dibujo y la escritura desde su punto de vista, siendo esta la visión objetiva que pretende dar a conocer por medio de su trabajo, utilizando como medio el tebeo y el fanzine, incluso los textos (en su blog hay prueba de ello).
El fanzine Usted, ya con siete números, es una publicación de viñetas cortas que ha ganado el premio internacional del salón del cómic de Barcelona al mejor fanzine (con el número seis), y no es una coincidencia que tenga este galardón, pues tanto su gráfica como sus guiones gozan de una profundidad y contenido digno incluso de estudio.
Como complemento, el Mister, ya con dos números, aborda parte de sus instantes y búsquedas haciendo uso de la poética y la imagen en boceto. En este caso es un gozo ver cómo Esteban es capaz de ser sincero y mostrar parte de su cotidianidad, incluso abogando a las trasnochadas, a las noches en vela, al desasosiego y las sensaciones internas de las que no se puede escapar.
En cuanto a sus tebeos, ya en forma de novela gráfica, nos viene y planta de golpe un discurso donde sus personajes tienden a la lucha interna y a la búsqueda inminente para encontrarla y así salir adelante con los retos que esta vida nos pone como obstáculos. El Duelo, su última novela gráfica, es la muestra fehaciente de ello.
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| Fografía realizada en la Librería Dadá por Manuel Garrido. |
El pasado jueves 23 de mayo a las 20:00 horas, acompañé a Esteban en la Librería Dadá del MuVIM para presentar sus trabajos y más que nada, hablar de sus inquietudes y lo que hace que continúe dibujando, escribiendo y viviendo. ¡Grande Esteban y larga vida!
Si no lo conoces, visita su web: www.estebanhernandez.net
Y si te apetece escucharlo en una charla haz click aquí.
sábado, 20 de abril de 2013
Abandono y decadencia.
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| Fotografía de Jordi Coll (abandonoydecadencia.blogspot.com.) |
Jordi Coll me invitó a participar en su blog, donde publica parte del trabajo fotográfico que tiene. A mí me envió diez imágenes que son un lujo. Luego me puse a escribir y salió una historia que me gustaría compartir.
Antes dejaré la explicación que Jordi ha escrito para describir su blog:
"Abandono y decadencia surge de la necesidad de dar salida al interés por los lugares abandonados. Pero no se trata de un blog de reportajes al uso. Nos encontramos en este caso con una serie de colaboraciones entre amigos de las cuales surgen diversas ideas generadas por las fotografías de lugares abandonados y decadentes. Series de 10 fotografías entregadas a diferentes creadores de distintas disciplinas artísticas, sirven como base a la creación de textos desde la ignorancia de sus autores en lo que respecta a la localización o actividad de los lugares que en dichas fotografías se recogen. Estos textos nacen sin ningún tipo de premisa previa, sin ninguna atadura en cuanto a formato, temática o extensión. Tan solo tienen que reflejar aquello que las fotografías han removido en el interior de los escritores. Un experimento que une la pasión por la fotografía, el interés por los abandonos, y sobre todo, la suerte de la amistad."
Comparto:
La vida da muchas vueltas y cuando menos te lo esperas, puedes ser tú el que esté ahí, en la calle, sin trabajo, sin dónde dormir y buscando la forma de sobrevivir un día más; donde cualquier forma puede ser buena: desde pedir alguna moneda, hasta aguantar las noches debajo de un puente, pasando el rato echando un trago de algún aguardiente barato. Ésto es algo parecido a lo que me pasó a mí, y que por poco la palmo. Lo interesante es que nunca supe por dónde y de pronto la vida dio un giro, una especie de “golpe de suerte” que me salvó, como si la conspiración del universo estuviera poniéndome una prueba y ya que la había superado, ¡plaf!, ahí lo tenía: una casa, un trabajo, una mujer... De nuevo enrolado al sistema social que nos tiene cogidos por los huevos aunque no lo queramos, ya sabes: cásate, ten hijos, busca un mejor empleo, jubílate, despídete de tus queridos, muere dignamente…, y así también tus siguientes generaciones, una y otra y otra y otra más hasta el final de los tiempos.
Si quieres leer el texto completo con todas las fotografías haz click aquí.
jueves, 18 de abril de 2013
Máscara sobre cara.
Meses atrás me enviaron esta fotografía escaneada. Máscara sobre cara tallada en madera. Hoy la cuelgo porque la encontré hace algunos días y creo que viene bien con lo que vivo como cotidiano en casi todos los aspectos, y más que lo que vivo, lo que veo.
Por cierto, interesante la temática de las sociopatologías dentro de la psicología aplicada al individuo que está dentro de las masas, no dentro de la materia. Lo digo porque estaba leyendo unos textos adecuados del Dr. Maravilla. Nada que asuste a cualquiera y nada que tenga qué ver con la imágen de la fotografía.
Pero no me centraré en temáticas de introspección, no tienen razón de ser en estas letras, pues su finalidad es utilizarlas como medio —las letras, no las introspecciones— y eso pretendo hacer justo ahora.
Lo interesante de la fotografía, o por lo menos en lo que llega a seducirme como interesante, es su estética pura y dura artesana, donde la imagen llega a trasmitir una dualidad dentro del mismo material: por un lado y decantándome en la técnica (por oficio), gracias a la sutileza que el tallista emplea con ella, se ha trabajado estilizando mucho más la talla posterior; y por otro, la talla que está detrás, se muestra rugosa y quizá áspera a la vista. Aún así, y ya dentro de parámetros meramente de neurolingüística, se percibe tristeza en la expresión de la talla externa, mientras que en la interna no se pueden dictaminar sensaciones porque no hay ángulo de campo de visión para evaluar la imagen.
Lo que sí, es que veo una hermosa metáfora aquí, casi poética. La imagen me ha llevado a la reflexión y luego a la soledad y luego al desvelo, quizá por eso hablo de ella como si fuera algo importante.
Y ya puestos, ¿qué es lo importante?
Tal vez nada en esta imagen sea lo suficientemente importante para ser importante, de la misma manera que podría serlo todo. Aunque ahora mismo la imagen ya tiene una importancia nula, pues ahora que lo escribo, deja de tener sentido seguir escribiendo sobre la fotografía que no es sino una imagen que representa a la fotografía y que ésta no es más que la representación de la talla que lleva consigo, representaciones humanas de su creador, del artesano. Por lo tanto, hablar de ello sería traducir en estratos lo que ya no es, y por consecuencia escribir de ello sería sumar un estrato de subnivel que de manera artificial retoma la reinterpretación de otro medio no artificial, que sería la mirada, o mejor dicho, el instante de la mirada, pero no cualquier mirada, sino la mirada exacta de la que el artesano copió lo que traduciría en una talla. Esto es, reinterpretaría sobre la madera.
Tampoco es para agobiar, solo son palabras, un juego de palabras que se está convirtiendo en un medio más para entender lo cotidiano, que en este caso, serían las máscaras, una como cualquier otra, incluso como la tuya, o como la de los demás, que esconde lo que solamente el portador conoce y a veces ni él.
¿Qué hay debajo de mi máscara? ¿Y de la tuya?
¿Qué hay debajo de mi máscara? ¿Y de la tuya?
sábado, 13 de abril de 2013
Lo absurdo [fragmentos de metafísica y espasmos en las letras: ausencia de desenlace.]
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| Fotografía de detalle de fotografía en un periódico. |
No había más. Cerré el libro al leer el último punto. Fin.
El teléfono sonó.
Era Celma.
—Hola. Soy yo.
—Qué coincidencia. Justo ahora acabo de terminar un libro que me hizo pensar en ti.
—¿Si?, ¿y de qué iba?
—Pues... Es un tema difícil de explicar, pero si quieres podemos quedar, nos bebemos unas birras y te lo dejo.
—Mmmm... Es que te gustan unos libros muuuy raros y no sé si me va a gustar. Pero lo de las birras sí.
Seguimos hablando un rato, quizá otros diez minutos y luego colgamos.
El libro estaba en la cama, era quien me había hecho reflexionar sobre la vida y la sacralidad de las cosas. Al terminar de leerlo un cambio brutal había sucedido en mi interior. Antes de él yo era una persona muy "normal", ya sabes: familia, trabajo, casa, amigos, fiesta, ropa, tele, más libros; porque siempre hay más, así como películas en el cine y en casa; luego gente, bailes, cenas, risas, nuevas historias, recuerdos, lágrimas, modas, frases, sueños, viajes, más gente, palabras... Normal, normal, una persona muy normal. Pero a cada página que seguía leyendo, me daba cuenta de que la vida que estaba llevando no era una vida completa. Un vacío crecía sobre mí en cada párrafo leído. Algo sucio y oscuro se apoderaba de mi pensamiento. Puto libro, con lo tranquilo que estaba sin tanto comedero de cabeza. ¿Cómo era posible que un objeto fuera capaz de cambiarme? Por eso nunca me ha gustado leer temas raros, siempre he preferido las novelas policíacas sencillas, donde hay un detective que sin complicaciones, o las justas, va descubriendo algún misterio que termina en logros; porque es lo que me gusta, que el final sea feliz, no como este libro que me ha dejado un abismo de dudas. Ya no sé quién soy. Ni qué quiero. Ni a dónde voy. ¿Alguien lo sabe? ¿Lo sabes tú?
Celma había terminado sus estudios en la National Spectrum University, y ahora era una estupenda especialista en fenómenos paranormales dentro de lo que se comprende por metafísica aplicada. La solicitaban en muchos países para grandes y pequeños proyectos de actuación e investigación espectral. Pero no le interesaba nada que fuera ajeno a lo que estaba acostumbrada: la sencillez que puede aportarte la tranquilidad del pensamiento, o éso era lo que ella decía.
En cambio yo, estaba pasando por un momento de crisis existencial y no sabía qué era exactamente lo que me sucedía.
Lecturas y relecturas. Es lo que tienen.
viernes, 15 de marzo de 2013
La transformación de las cosas.
| Fotografía de naranjas transformándose. |
Al darle vuelta a las cosas, descubrí que tampoco había nada debajo, seguían siendo cosas.
Luego me puse a leer sobre la divinidad de las cosas, de su esencia y su forma, pero por más que se explicara en letras, seguían siendo cosas.
Cerré el libro, busqué una sierra y corté el libro por la mitad. Seguía siendo el libro.
Tiré a la basura el libro, la sierra y más cosas: un teléfono, una camisa, dos botellas de leche, unas gafas y un vaso de coca-cola.
Al estar dentro de la basura, seguían siendo las mismas cosas, aunque irónicamente, ahora se habían convertido en basura, pero seguían siendo cosas.
Todo era lo que era, a pesar de que el contexto les diera otro título matérico.
Entré al baño y cagué. Seguía siendo yo, pero transformado. Luego pensé que en realidad yo solamente era un medio para la transformación de la comida. Por lo que la comida seguía siendo comida, aunque se transformara. Todo era lo mismo una y otra y otra vez. Salí del baño y me lavé las manos. Lavarse las manos mata los microbios. ¿Microbios? Mini-vidas que son y serán siempre, aunque se transformen. Era la microbiología en sí, lo que no cesa.
Me senté entonces en uno de los sofás que heredé de mi madre. Aún huele a ella. Ella ha muerto. Ella ya no es. Pero cuando estoy en el sofá que tiene su aroma, vuelve a ser ella y está, aunque sería más apropiado decir que es y no que está.
Me puse un DVD, que fuera antes VHS, antes BETA y antes Super 8 y antes 35mm y antes me la pela. Evolución de un formato, su transformación.
Me puse un DVD, que fuera antes VHS, antes BETA y antes Super 8 y antes 35mm y antes me la pela. Evolución de un formato, su transformación.
La película representaba un bosque, pero no era el bosque. Apagué la televisión que era y que estaba y que no quería que estuviese. Tuve una idea. Saqué la cámara del armario y grabe con ella la televisión, entonces ya no era y solamente una representación de ella era lo que estaba. Luego tiré a la basura la cámara y la televisión.
Entré a casa y decidí prenderle fuego a todo. Fuera, en el jardín, veía cómo todas las cosas se quemaban. Pensé, una vez más, en la transformación de las cosas.
Fue entonces cuando me puse a andar por la calle y todo a mi alrededor me parecía efímero y cosa y transformable.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Puntos rojos sobre rojos que parecen negros.
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| Fotografía de habitación oscura, modificada Instagram. |
Una vez, leyendo a Coelho (leyendo como concepto y Coelho como optativo), había algo que me llamaba la atención, no transcribiré la frase porque no recuerdo exactamente cuál era, pero lo que recuerdo era algo así como: cuando sueñas lo que en realidad estás teniendo es una vivencia más de la que puedes sacar tanto partido como quieras, esto es: si sueñas que te enfrentas a alguien, al despertar sabrás exactamente qué es lo que se siente tener ese enfrentamiento, o si ganas un premio y recibes una ovación de aplausos, sabrás, por consiguiente, la sensación de qué es recibir ovaciones. Esto sirve como herramienta de ayuda en el día a día, según sus afirmaciones. Dice que la experiencia no necesariamente tiene que ser una vivencia física y que más allá de esto, puede ser incluso una vivencia intelectual, espiritual, etcétera.
Piénsalo un poco, quizá te convenza el portugués.
He visto una película que me recordó un sueño que tuve hace algunos meses. Iba de una invasión alienígena a la humanidad, pero que por causa del desorden organizativo de los aliens, eran dominados por el humano y llevados a vivir a una zona designada para ellos. Vamos, que la película reflejaba perfectamente un nazismo pero con otra estética para apaciguar las culpas. No entraremos en este tema, hablamos de mis sueños y en los míos no hay final feliz. El humano tras dominar a la raza invasora, los extermina y prepara una nueva invasión al planeta de éstos. Sé que es un rayote, pero yo no elijo mis sueños.
Luego me pregunto de qué mierda me sirve esta "experiencia", y más aún, me pregunto de qué mierda me sirven otras tantas experiencias: cosas que escucho, que leo, que veo, que pienso. Quizá herramienta, es verdad, pero, ¿por qué quiero tener herramientas necesarias para construir una casa si lo que quiero son herramientas para montar un barco?
Luego me pregunto de qué mierda me sirve esta "experiencia", y más aún, me pregunto de qué mierda me sirven otras tantas experiencias: cosas que escucho, que leo, que veo, que pienso. Quizá herramienta, es verdad, pero, ¿por qué quiero tener herramientas necesarias para construir una casa si lo que quiero son herramientas para montar un barco?
Ahora mismo estoy teniendo una buena experiencia. Escribo, y espero que lo que saque de esto, sean herramientas para seguir vivo. Como hasta hora, o mejor, porque sé que es posible.
Por cierto, Coelho, coelhín, coelhón.
domingo, 17 de febrero de 2013
Vendedor de humo.
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| Fotografía de cartel con "9" en forma de anzuelo. |
Hay quien vende humo. El humo varía de precio según quién lo venda. Tema sencillo. El caché del vendedor de humo se lo dan los compradores y los que hablan de la calidad del humo que vende. La calidad del humo va en relación al acto de vender humo, esto es: un buen vendedor de humo sabe vender humo. La venta de humo no es complicada, falta tener claro que se quiere vender humo, y empezar a venderlo. No hay limite de venta de humo. El vendedor de humo deja de vender humo cuando ya no vende humo. El humo no se acaba y siempre está en venta. El comprador de humo, paga el precio justo por el humo que compra, que es proporcional al vendedor que vende humo, pues como ya se ha dicho antes, hay de vendedores de humo a vendedores de humo.
(¡Vende humo! Muchos ya lo hacen.)
sábado, 2 de febrero de 2013
El Infierno.
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| Fotografía al ordenador con la película "El detective cantante" de Keith Gordon. |
Presta atención, que no solo lo malo es malo y lo bueno es bueno.
Este tema no va relacionado con los temas religiosos a los que nos han acostumbrado: bueno-malo vs cielo-infierno. Más bien el planteamiento es otro. Por ahora del cielo no hablaré a profundidad, porque no es un tema que nos concierna, más bien, es una simple estancia de la que no pretendo hacer mención, ni por asomo. Pero del infierno, que es de lo que sí hablaremos, se puede hacer mención sin salirnos del argumento. Allá vamos:
Se puede decir —siempre en tono desenfadado—, que el infierno es el mejor lugar que puedas imaginar: es acogedor, reconfortante, están las mejores personas que jamás has conocido y también tus mejores amigos o gente que quieres. En la zona de bar ponen la música que más te gusta, las sillas son cómodas, los meseros increíblemente atentos (sin pasarse), todo lo que consumes es gratis, los temas de conversación son de lo mejor; son solamente temas que te interesan, no más. El dueño te trata de lujo, y eres tú y solamente tú (a menos de que no lo desees), el héroe de la historia, de la noche, de las charlas. Es, sin dudarlo, el mejor de los sitios, todo cuanto hay está dispuesto a ti. Es tan bueno, que no quieres dejar de estar ahí, y en ésto es en lo que radica el hecho de que es el infierno, en que te atrapa tanto que te convence de que no debes de salir de ahí, que no hay mejor lugar, que fuera ya no hay nada, ya que te da el estatus de confort deseado y lentamente va consumiendo tu vida hasta dejarte sin rastro de ella.
En fin, ya sabes, temas filosóficos intrínsecos de los que uno deambula errando pasos y discursos nocturnos. Nada más, pero interesante: ¿será esto nuestro infierno? Me refiero a tu hoy, tu día a día, el mío, el de cada individuo. Infierno: poder que absorbe, mágico argumento; simple, pero cierto y a la vez siniestro. No malo, no bueno: otro nivel, uno donde no existe el concepto del bien y del mal, del que ya tanto se ha hablado.
Piénsalo.
sábado, 8 de diciembre de 2012
▲ Proyecto.
"La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad en la que se ha quedado estancado por su propia culpa. Minoría de edad es la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin la dirección de otro. Esta minoría de edad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella.(Sapere aude). Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento: he aquí el lema de la Ilustración"
(Kant, Was ist Aufklärung ?)
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| Fotografía análoga a "gallino" cerca de Teruel. |
Cuando es la falta de decisión lo que detiene un proyecto, es momento de retomar la inteligencia y actuar conforme la idea que se tiene por abordar. Cosa sencilla, otra vez, en teoría.
El tema de los proyectos es un interesante tema a tratar (no será esto un ensayo, no tiene razón de serlo), decía Agustín Fernández M. que los proyectos van y los proyectos vienen, no es que textualmente escribiera eso, pero mis conclusiones me llevan a tal reflexión, y es verdad, pues constantemente estamos inmersos en proyectos de diferentes índoles, tanto laborales, como sentimentales; incluso espirituales si es necesario. De hecho, la vida está llena de proyectos (¿y qué mejor proyecto que la vida misma?) que enriquecen el saber y engrandecen al conocimiento, tan necesario como el entendimiento, los que se podrían considerar como aliados: entendimiento-conocimiento y conocimiento-entendimiento.
La dificultad de emprender un proyecto auténtico de vida [natural], radica en la dificultad de quitarse la máscara y mostrarse a los demás tal cual se es, así sin más, como una persona que respira, que tiene piernas, piel, pelo, ojos; que siente y que emana lo que cualquier otro puede; un ser humano más que se realiza dentro de más proyectos dentro de su auténtico proyecto que es el personal elegido por determinación.
Más allá de la inteligencia del que quiere emprender un proyecto, es su decisión y el empuje que tenga al abordarlo, su constancia, misma que desembocará en una optimización adecuada en las vertientes que el impulsor del mismo (creador), sea cual fuese, concluirá donde sus objetivos sean llevados a cabo con una metódica incursión a sus designios. Esto es, que no solo de inteligencia se nutre un proyecto, sino de emprendimiento.
Ahí el por qué de la necesidad del conocimiento, pues sin él, imposible entender la función que tendrá el realizar proyectos que por razones incluso sociales, surgen. Sin el conocimiento no es posible acertar en el desarrollo de la idea y la elaboración de la misma a la que desembocará. Sería como hacer un viaje sin mapa, como no tener el trayecto trazado, como grabar sin guión y sin objetivos.
Se puede decir que el conocimiento, entonces será la razón del entendimiento que nos llevará a una acertada realización de un proyecto, cualquiera que sea, y por lo que el valor de la inteligencia será un plus añadido al desarrollo del mismo.
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