jueves, 29 de enero de 2015

Mientras tanto no.

Cuando todo ésto termine y no haya nadie para documentarlo, entonces tendrá sentido lo que tanto hemos querido explicar: la nada. Mientras tanto no. Ahora solamente es un juego, un ejercicio de retórica, un acertijo indecifrable.

Pero lo que está claro, es que cuando todo acabe y solamente la nada esté ahí, ocupando todo, entonces será lo que hemos estado buscando, no antes y no después, justo cuando acabe esto que tanto nos aqueja y cuestiona.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Más veces de las que piensas.

No te engañes, tarde o temprano vendrá la muerte y te pedirá cuentas, te preguntará por tus historias y no tendrás escapatoria, no podrás hacer trucos ni montar teatros, será inmisericorde contigo, te aplastará sin dudar. Entonces no habrá lugar para esconderte y no habrá frase hecha que sirva, ni pretexto, ni basura que pueda salvarte.

No te engañes, no sirve de nada, los infiernos ya están repletos. No hay mecanismos que valgan, no funciona el sistema de la farsa, tarde o temprano te alcanzará la muerte y claudicará tus pensamientos. Déjate de cuentos, cíñete a la historia, a tus hechos, porque más tarde será demasiado tarde y habrás muerto y todas tus justificaciones estarán enterradas y llenas de gusanos, y después nada, llenas de nada, de demasiada nada para que puedas saborearla. Nada serás, recuerda, nada eres ahora y no vale que te doblegues a tus mentiras si estarás muerto, sin aire, sin vida ni sol que te caliente. Serás polvo, menos que el polvo que pisas, y no servirá toda la torpeza de palabras con las que puedas ensalsarte ahora.

No te engañes más, ¿para qué?, que sentido tiene si eres la reminiscencia de la muerte, su pasillo final, el caer del último paso, el instante en que la manecilla del reloj marca las doce. No vale que aparentes, ya no, ahora ya lo sabes, muerto, no vale que finjas, ya hueles y mal, ya hiede lo que cuentas.

(Ahora escucha.)
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Transpolando 2 situaciones [variación de foco].


El enfoque de la fotografía anterior enfoca una mesa de centro chapada en metales blandos. En el reflejo, una mujer aparece y al invertir la imagen de manera vertical el resultado es un gráfico que no corresponde a la identidad de la misma.


El resultado de una fotografía realizada utilizando como filtro un frasco de cristal con metanol, la imagen cambiando los colores por sus antagónicos, ofrece un estimulante aspecto si centramos la atención en el reflejo de luz.

jueves, 21 de agosto de 2014

Personas.

Te aseguro que había cisnes en la fuente, me dijo. Luego se fueron volando, aseguró y se quedaba con una cara de melancolía. ¿Pero me crees, verdad? Yo lo miraba y le decía que sí, pero no estaba seguro de que fuera otro de "sus momentos". Siempre, bueno, casi siempre estaba convencido de que pasaban cosas que en realidad solamente imaginaba, pero a mí no me importaba, en realidad no es que no me importara, sino que no le daba ninguna importancia, tenía otros cosas que pesaban más que sus alucinaciones. Era una especie de sabio viejo dentro de un joven inseguro, pero cuando le venían sus focos de lucidez, era magia pura, era como si el mundo se detuviera, como si el tiempo parara; era otra cosa, algo que nunca he podido describir. Por eso es que no me importaba lo demás, solamente escucharlo y dejar que todo fuera.

Hace años de esto y ya no recuerdo ni su nombre.

sábado, 19 de julio de 2014

Anotaciones sobre el bien y el mal.

Tocan a la puerta. Abro. Es Ella, otra vez. Entra. Se sienta en el sofá, el que era de mi madre y que aún tiene su aroma. Mi madre ha muerto hace dos semanas. Estoy bien. Cierro la puerta y permanezco de pie. Ella no me mira, cruza la pierna y la balancea. La miro. Saca un cigarrillo y justo antes de encenderlo, le pido que no lo haga. Balancea la pierna con más fuerza. Se levanta casi de golpe y se encierra en el baño. La puerta sufre su enfado. Me acerco al sofá, aún tiene el aroma de mi madre, ahora está muerta. Estoy bien, gracias.

Cuando salga del baño no me dirigirá la palabra y seguramente se irá y entonces iré tras de ella, porque es lo que siempre pasa: voy tras de ella, pero yo estoy bien, gracias. Ella es así, cuando se enfada no hay razón que la calme, por eso mejor no digo nada, prefiero quedarme callado y que se le pase, porque es otra de las cosas que siempre pasan: el enfado termina por irse. Yo estoy bien, gracias.

Estoy sentado en el sofá. Suena mi teléfono. No es Ella, pero también la quiero. Contesto. “Ahora no puedo hablar”, le digo. Ella, ésta Ella lo entiende y colgamos. Pluralizo porque con ésta Ella así son las cosas y nunca tenemos problemas de nada, casi de nada. Nos entendemos aunque no nos pertenezcamos. Ésta Ella sabe que las pertenencias —al igual que yo—, son una irracionalidad que hay que erradicar.

Ahora se abre la puerta. Es Ella y tiene los ojos enjugados de lágrimas. La miro. Me levanto y voy a su lado. Siempre estoy a su lado, pero yo estoy bien, gracias.

Nos abrazamos. Pluralizo. Ella me quiere. Yo…, también. No decimos una sola palabra, solamente es el abrazo el que nos sirve de diálogo. Noto que una inminente erección empieza a fraguarse. Ella lo nota. Me besa. En singular: me besa. Cedo. La beso. Entonces nos besamos y su respiración se agita y su cuerpo se estremece y mi erección aumenta. Entonces me empuja. Ella es una zorra. Siempre lo ha sido. Coge su bolso que ahora está en el suelo al lado del sofá que aún huele a mi madre, que ha muerto, y que por cierto: yo estoy bien, gracias. Y se va, como mi erección y las ganas de volver a verla. Salgo tras de ella, pero no con tanto entusiasmo como para alcanzarla. Le grito, pero Ella ni se inmuta y sigue, con su camino y sus furias y sus formas, esos mecanismos que sabe engranar para el mal. “Es mala”, pienso mientras la veo marcharse. Entro a casa y sé que estoy bien, gracias.

viernes, 27 de junio de 2014

Actos sin reflejos (bocetos).

"Paso de ver y de escuchar por costumbre", era la frase dicha por el hombre que conocí esta mañana en una carnicería, la repitió por lo menos diez veces. No sé cómo pero nos pusimos a hablar y de pronto, ya habían pasado casi dos horas. Me contó temas que me interesaban, por lo que no presté atención en más cosas que lo que estábamos hablando. No era un monólogo, pues también me escuchaba y compartía mis ideas. "Tarde o temprano lo entenderán...", concluyó, luego nos despedimos y dimos la mano. No sé cómo se llama y quizá nunca nos volvamos a ver. No nos necesitamos.

Llego a mi casa, me siento frente al monitor y ahora mismo lo estoy escribiendo.