martes, 24 de noviembre de 2015

Recc.


Si buscas algo que aún no encuentras, quizá el canal sea el que no estás buscando, ¿lo has pensado? No cierres los ojos y mejor echa un vistazo a sitios donde no tenías claro buscar. Así, sin más.

viernes, 17 de julio de 2015

Libros

Un hombre viaja solo en el metro. Lee un libro de A. Mleczko, lo sé porque reconozco la portada, lo tengo, lo he leído tres veces y me sigue gustando. La primera vez que lo leí, recuerdo que era verano y estaba en Roma, justo en el Trastevere, comiendo en el restaurante de Alfredo alla Scrofa. Me había pedido, aún no sé por qué, algo que pensé me gustaría, era una especia de ostra gigante que ya no recuerdo cómo se llamaba, pero estaba empanada y con queso derretido sobre el caparazón; por lo que pensé podía gustarme, vamos, que me había dejado seducir por la imagen de la carta y en ese momento decidí que esa exquisitez debía probarla. Lo que no sabía es que su sabor me dejaría pocas ganas de ser un aventurero culinario, por lo que días después me mantuve con lo típico: pasta, pizzas y poca historia más. Ahí estaba y ahí mi libro, ahí estuve y era verano, uno muy duro con calores y gente y ruido y mucha Roma por ver. Estuvimos juntos casi dos semanas y para cuando nos hubimos terminado yo tenía que volver a casa. Un libro y su lector. Él era el protagonista.

Un hombre viaja solo en el metro. Lee un libro de A. Mleczko, lo sé porque reconozco la portada, lo tengo, lo he leído tres veces y me sigue gustando. La segunda vez que lo leí era invierno, recuerdo que no tenía coche y por casi un mes y medio estuve yendo al trabajo en metro, así que opté por el libro que ya me había acompañado una vez. Dejé que indicase el método para abordarlo, que él fuera el guía; no opuse resistencia, así que día a día nos compenetramos hasta entendernos del todo. Casi al final de sus páginas, me entregaron el coche y por poco el libro y yo nos separamos, pero no lo hice, ese invierno tendría que ser acompañado por el libro y sus incisiones. Me dejé rebanar por sus letras entonces, y supe que de ser necesario lo volvería a hacer. Dejaría que sus letras seductoras continuaran con su camelar.

Un hombre viaja solo en el metro. Lee un libro de A. Mleczko, lo sé porque reconozco la portada, lo tengo, lo he leído tres veces y me sigue gustando.

Los aviones sobrevuelan las costas de Tsingtao, llevamos tres semanas ocultándonos para no ser descubiertos, pero sabemos que es cuestión de tiempo que nos capturen. Hemos perdido a Robertson, la pierna se había infectado y la fiebre destrozado el ánimo. Ayer ha muerto. El capitán McCoy no pierde la esperanza de ser rescatado, insiste que debemos seguir hasta la zona abierta de la playa, donde los aliados del Extremo Oriente-Pacífico nos aguardan con refuerzos. Han pasado tres días desde que envió a Callagan. No ha vuelto. Creemos que fue alcanzado por alguna ráfaga de metralletas, o que quizá habrá sido presa de una mina oculta en el camino. Hoy ha salido un escuadrón dirigido por Brigton de la brigada "treintaitrés" a investigar el camino. Escuchamos cómo detonaban varias minas. Creemos que están muertos. McCoy se mantiene firme: cree que debemos seguir avanzando. Hemos perdido diez hombres y las provisiones escasean.

Un hombre viaja solo en el metro. Lee un libro de A. Mleczko, lo sé porque reconozco la portada, lo tengo, lo he leído tres veces y me sigue gustando.

jueves, 18 de junio de 2015

tic tac

Victor Dvnkel

Tras los ojos, la mirada y tras ella, otra vez los ojos, carne, fluidos que tras éstos más qué materia no habrá nada. Todo se degenera constantemente. Somos seres desechables, caducos. Estamos de paso y morimos día a día; nos deterioramos continuamente, poco a poco putrefactos somos. De más a menos. De nuevo a viejo. De nada a nada.

El reloj de arena entonces tira el último de los granos.

miércoles, 10 de junio de 2015

No hay más que apartados.

El apartado del libro era aproximadamente como una voz que intenta decir algo, solamente intentos. Cerré el libro y decidí ponerme con la carta que tenía pendiente. Más intentos.

Era temprano y no tenía planes, quise llamar a Julia, pero recordé que había salido de viaje y no volvería hasta la siguiente semana. Bueno, recuerdo que una vez un amigo me dijo que nunca se está solo si se tiene un cigarrillo. El humo en sus ilusiones marca lineas en el espacio de mi habitación, su aroma me trae recuerdos de una noche que estaba en Cabo Verde, sonaba la mima música que ahora escucho y ahí también fumaba en una mesa, el humo era similar al de ahora. Las similitudes. Nada se repite aunque tenga las mismas sustancias. Este cigarrillo es de clavo, tabaco y clavo, creo que es de Tailandia, ciudad como otras con sus similitudes que nunca se repiten.

Hace años que no hago un viaje y justo ahora estoy pensando que quizá ya sea hora. Eso. Venderé mis cosas y me iré sin vuelta... Bueno, mejor escribiré sobre alguien que se va de viaje sin regreso; ya toca hacerlo, en realidad no es que no viaje desde hace mucho, sino lo que pasa es que no escribo desde hace tiempo; además no escribo de gente que se va de viaje y no regresa, que se pierde, que se olvida, que se escapa de sí mismo. Y por lo visto ya toca. Escribiré algo, aunque sea con similitudes, pero que por matices sea otra cosa, como todo, como cada instante que no repite ninguno de sus galces.

Escribiré sobre eso. Qué va, igual y con la similitud me basta, con el hecho de no escribir pensando en escribir sobre algo que hace tiempo no escribo... Ya hablaremos.

jueves, 29 de enero de 2015

Mientras tanto no.

Cuando todo ésto termine y no haya nadie para documentarlo, entonces tendrá sentido lo que tanto hemos querido explicar: la nada. Mientras tanto no. Ahora solamente es un juego, un ejercicio de retórica, un acertijo indecifrable.

Pero lo que está claro, es que cuando todo acabe y solamente la nada esté ahí, ocupando todo, entonces será lo que hemos estado buscando, no antes y no después, justo cuando acabe esto que tanto nos aqueja y cuestiona.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Más veces de las que piensas.

No te engañes, tarde o temprano vendrá la muerte y te pedirá cuentas, te preguntará por tus historias y no tendrás escapatoria, no podrás hacer trucos ni montar teatros, será inmisericorde contigo, te aplastará sin dudar. Entonces no habrá lugar para esconderte y no habrá frase hecha que sirva, ni pretexto, ni basura que pueda salvarte.

No te engañes, no sirve de nada, los infiernos ya están repletos. No hay mecanismos que valgan, no funciona el sistema de la farsa, tarde o temprano te alcanzará la muerte y claudicará tus pensamientos. Déjate de cuentos, cíñete a la historia, a tus hechos, porque más tarde será demasiado tarde y habrás muerto y todas tus justificaciones estarán enterradas y llenas de gusanos, y después nada, llenas de nada, de demasiada nada para que puedas saborearla. Nada serás, recuerda, nada eres ahora y no vale que te doblegues a tus mentiras si estarás muerto, sin aire, sin vida ni sol que te caliente. Serás polvo, menos que el polvo que pisas, y no servirá toda la torpeza de palabras con las que puedas ensalsarte ahora.

No te engañes más, ¿para qué?, que sentido tiene si eres la reminiscencia de la muerte, su pasillo final, el caer del último paso, el instante en que la manecilla del reloj marca las doce. No vale que aparentes, ya no, ahora ya lo sabes, muerto, no vale que finjas, ya hueles y mal, ya hiede lo que cuentas.

(Ahora escucha.)
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Transpolando 2 situaciones [variación de foco].


El enfoque de la fotografía anterior enfoca una mesa de centro chapada en metales blandos. En el reflejo, una mujer aparece y al invertir la imagen de manera vertical el resultado es un gráfico que no corresponde a la identidad de la misma.


El resultado de una fotografía realizada utilizando como filtro un frasco de cristal con metanol, la imagen cambiando los colores por sus antagónicos, ofrece un estimulante aspecto si centramos la atención en el reflejo de luz.

jueves, 21 de agosto de 2014

Personas.

Te aseguro que había cisnes en la fuente, me dijo. Luego se fueron volando, aseguró y se quedaba con una cara de melancolía. ¿Pero me crees, verdad? Yo lo miraba y le decía que sí, pero no estaba seguro de que fuera otro de "sus momentos". Siempre, bueno, casi siempre estaba convencido de que pasaban cosas que en realidad solamente imaginaba, pero a mí no me importaba, en realidad no es que no me importara, sino que no le daba ninguna importancia, tenía otros cosas que pesaban más que sus alucinaciones. Era una especie de sabio viejo dentro de un joven inseguro, pero cuando le venían sus focos de lucidez, era magia pura, era como si el mundo se detuviera, como si el tiempo parara; era otra cosa, algo que nunca he podido describir. Por eso es que no me importaba lo demás, solamente escucharlo y dejar que todo fuera.

Hace años de esto y ya no recuerdo ni su nombre.

sábado, 19 de julio de 2014

Anotaciones sobre el bien y el mal.

Tocan a la puerta. Abro. Es Ella, otra vez. Entra. Se sienta en el sofá, el que era de mi madre y que aún tiene su aroma. Mi madre ha muerto hace dos semanas. Estoy bien. Cierro la puerta y permanezco de pie. Ella no me mira, cruza la pierna y la balancea. La miro. Saca un cigarrillo y justo antes de encenderlo, le pido que no lo haga. Balancea la pierna con más fuerza. Se levanta casi de golpe y se encierra en el baño. La puerta sufre su enfado. Me acerco al sofá, aún tiene el aroma de mi madre, ahora está muerta. Estoy bien, gracias.

Cuando salga del baño no me dirigirá la palabra y seguramente se irá y entonces iré tras de ella, porque es lo que siempre pasa: voy tras de ella, pero yo estoy bien, gracias. Ella es así, cuando se enfada no hay razón que la calme, por eso mejor no digo nada, prefiero quedarme callado y que se le pase, porque es otra de las cosas que siempre pasan: el enfado termina por irse. Yo estoy bien, gracias.

Estoy sentado en el sofá. Suena mi teléfono. No es Ella, pero también la quiero. Contesto. “Ahora no puedo hablar”, le digo. Ella, ésta Ella lo entiende y colgamos. Pluralizo porque con ésta Ella así son las cosas y nunca tenemos problemas de nada, casi de nada. Nos entendemos aunque no nos pertenezcamos. Ésta Ella sabe que las pertenencias —al igual que yo—, son una irracionalidad que hay que erradicar.

Ahora se abre la puerta. Es Ella y tiene los ojos enjugados de lágrimas. La miro. Me levanto y voy a su lado. Siempre estoy a su lado, pero yo estoy bien, gracias.

Nos abrazamos. Pluralizo. Ella me quiere. Yo…, también. No decimos una sola palabra, solamente es el abrazo el que nos sirve de diálogo. Noto que una inminente erección empieza a fraguarse. Ella lo nota. Me besa. En singular: me besa. Cedo. La beso. Entonces nos besamos y su respiración se agita y su cuerpo se estremece y mi erección aumenta. Entonces me empuja. Ella es una zorra. Siempre lo ha sido. Coge su bolso que ahora está en el suelo al lado del sofá que aún huele a mi madre, que ha muerto, y que por cierto: yo estoy bien, gracias. Y se va, como mi erección y las ganas de volver a verla. Salgo tras de ella, pero no con tanto entusiasmo como para alcanzarla. Le grito, pero Ella ni se inmuta y sigue, con su camino y sus furias y sus formas, esos mecanismos que sabe engranar para el mal. “Es mala”, pienso mientras la veo marcharse. Entro a casa y sé que estoy bien, gracias.

viernes, 27 de junio de 2014

Actos sin reflejos (bocetos).

"Paso de ver y de escuchar por costumbre", era la frase dicha por el hombre que conocí esta mañana en una carnicería, la repitió por lo menos diez veces. No sé cómo pero nos pusimos a hablar y de pronto, ya habían pasado casi dos horas. Me contó temas que me interesaban, por lo que no presté atención en más cosas que lo que estábamos hablando. No era un monólogo, pues también me escuchaba y compartía mis ideas. "Tarde o temprano lo entenderán...", concluyó, luego nos despedimos y dimos la mano. No sé cómo se llama y quizá nunca nos volvamos a ver. No nos necesitamos.

Llego a mi casa, me siento frente al monitor y ahora mismo lo estoy escribiendo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Estética de lo feo.

“Bello, dice justamente Kant, es aquello que place universalmente sin interés, feo, por ello, es lo que displace universalmente sin interés. Lo desarmónico bien puede suscitar nuestro interés sin ser bello, entonces lo llamaremos interesante. No llamaremos interesante, sin embargo, a aquello que no abrigue en sí una contradicción. Lo simple, lo ligero, lo transparente no es interesante; lo grande, lo sublime, lo santo es demasiado elevado para esta expresión, es más que solo interesante. Pero lo complicado, lo contradictorio, lo anfibológico y por lo tanto también lo criminal, lo extraño, lo delirante es interesante. La inquietud fermentada en el infierno de la contradicción tiene una mágica fuerza de atracción.” 
(Karl Rosenkranz. Estética de lo feo).


miércoles, 9 de abril de 2014

Centro de Estética.

Esta es la situación:

Entras a un Centro de Estética donde tres mujeres te dan la bienvenida sonriendo, están uniformadas con un delantal que en los bolsillos portan tijeras, peines y aspersores. El local es grande con iluminación suficiente para no perder detalle, las paredes frente a las sillas están cubiertas con espejos que calculas pueden ser de más de dos metros por dos metros. Detrás de las sillas están unos dispositivos para lavar el pelo, no sabes cómo se llaman pero te recuerdan a un tipo de bidet más alto y que acopla al cuello. También, en los laterales del local hay estanterías con productos de belleza y muchos libros. Los libros son de ensayos filosóficos, de varios estudios de las artes y del pensamiento. Te sientas y mientras una rubia de tetas operadas y uñas cuidadas muy "a la francesa" te corta el pelo, se engancha a un monólogo sobre la importancia del arte contemporáneo en un marco socio-cultural dotado de pretensiones donde el capital rige su discurso. Tú escuchas con interés aunque desconoces el tema, eres más de música que de artes gráficas. Otra de las mujeres (es morena de pelo alto y con un pendiente brillante en la zona del bigote) se intromete y discute con ella, pues no está de acuerdo, le dice algo así como que su discurso, más que empatar con lo que la evolución histórica ha generado, lo está llevando por un camino de situaciones del desarrollo de la creatividad como teoría, no como concepto y esto se aleja del resultado creativo; mientras lo dice, hace aspavientos con el brazo derecho, mismo que lleva tatuado casi por completo, crees que son flores de loto. Aquí, la tercera mujer deja claro que ninguna de ellas tiene razón, y les grita que se callen, tú estás asombrado, ella dice que están mal, pues la abstracción del tema está siendo tergiversada por los determinantes que pueden ser de carácter anodino al tema, acentúa, luego se gira, y un silencio invade el local. De fondo, notas cómo la música empieza a subir de volumen, es Sebastian Bach en concierto de Brandenburgo, suena tan bien que lo cubre todo, hasta el último de los tijeretazos. Entonces te levantas y pagas, das las gracias y te vas sin entender la conversación, y cuando vas por la acera, percibes que la calle es otra aunque has pasado por ahí miles de veces, y justo ahí, sabes que el Centro de estética ha dado resultado: ahora eres otro, te ha cambiado y decides que funciona y que quieres volver.

jueves, 9 de enero de 2014

Fanzineología.


Empezaré a escribir en el blog Fanzineología, los temas serán variados, pero en principio será sobre autoedición y sus variantes dentro del D.I.Y.
Buenas movidas se avecinan, échale un ojo porque estará cargado de contenido.

www.fanzineologia.blogspot.com

lunes, 30 de diciembre de 2013

Usted puede canalizar sus sentimientos, es fácil.

 «Lleve su vida como si de un libro se tratara, reléase y así entenderá más conceptos que no ha leído antes.»

 «Después de un fuerte estado de conmoción sufrido por la alteración espontánea de alguno de sus sentimientos, sea perspicaz y no deje que ellos tengan el control de la situación, sea usted quien controle. Respire.»

 «Tras un espasmo ocasionado por un mecanismo reflejo, piense. Pensar es un proceso a su alcance, Usted puede pensar. Analice entonces y cerciórese de que el sentimiento puede ser dominado, la deriva acarrea una falsa canalización de sentimientos, no lo olvide.»

 «Cuando un sentimiento venza; porque es más fuerte que Usted, la defensa automática será una autojustificación de tal, o autocomplacencia, que dejará claro su estatus cuando posicione al orgullo situándolo en el olvido. Esto es, en cuanto sepa escudriñar sin filtros el sentimiento, podrá canalizarlo […], convirtiendo estas situaciones en un autocontrol que concluirá en la canalización sintomática.»

 «Existen falsos sentimientos, estos no los canalice. Deje la canalización para los verdaderos. Aprenda a identificarlos. Identifíquelos mediante la eliminación de filtros. Los filtros se eliminan empleando sinceridad. La sinceridad requiere entereza. Para tener entereza elimine los falsos sentimientos.»

 «Existen categorías de sentimientos: bajos sentimientos y altos sentimientos. Razone y determine dónde están situados los suyos, Usted tiene la última palabra.»

 «Sea Usted el dueño de sus sentimientos, no deje que las manipulaciones externas sean quienes canalicen, es fácil: tómese su tiempo.»

 «Al alcanzar una pura canalización de sus sentimientos, Usted notará que ha entrado en una fase de tranquilidad; sea ahí donde permanezca, trasládese a ése sitio de sosiego, disfrute del residuo que contiene canalizar los sentimientos; acierte una y otra vez.»

domingo, 8 de diciembre de 2013

Fragmentos de lecturas de lo absurdo.

Fotografía a pantalla de ordenador (vídeo: "plantas marinas" [phycos]).

 El título de este post es una frase con la que algunas personas entraron esta semana al blog. Es absurdo. Absurdo que alguien entre buscando lo absurdo aquí, donde no está, donde ni por asomo jamás existiría. Esto es un blog decente. Lo que también es absurdo, es el hecho de que me ponga a buscar por qué alguien buscó esa frase y desde dónde, ¿qué pasará por tu mente, pequeño navegante?, ¿desde cuándo éstas dudas te abrigan? Recuerda que caer en temas dentro del absurdismo, e intentar abordarlo, ya en sí es absurdo y podría convertirte en un absurdista, ése loop que trae consigo samplers evocando de manera extravagante a la nada.

No digo más.

Una mañana fresca como la de hoy, fui a comprar un cable de teléfono porque el que tenía estaba estropeado. En el ascensor de la finca donde vivo había un cartel que ponía algo así como "se te ha caído esto, cerdo" y una flecha que apuntaba hacia abajo, donde había pegado con celo, vellos púbicos o algo que identifiqué como tal. ¡Qué puto asco, colega! Y esto, este acto de tomarse el tiempo para la creatividad de poner un cartel con físico ejemplificando su discurso, en sí, lo considero absurdo, poco higiénico y de mal gusto en toda su realización. Lo absurdo, señores. Salgo del ascensor y cuando llego a la frutería, recuerdo que en realidad no quiero fruta ni verdura, busco un cable, así que antes de corregir el paso rumbo a la ferretería, aprovecho el descuido y compro limones para la tos, nada absurdo, solamente tos.

La ferretería es una mar de objetos que en su mayoría desconozco, esto me hace pensar en los trabajadores de las ferreterías y el archivo mental de piezas y piezas y partes de quiensabequés para quiensabecuántos. Una maravilla, y entonces caigo en cuenta de que todos estamos con la misma historia, en la misma frecuencia: tenemos una información en la cabeza de objetos y de historias que cae en lo absurdo, así es, absurdo almacenar tanta mierda en el archivo del pensamiento.

—Buenos días caballero —me dice el que atiende en la ferretería, lo que me hace gracia: "de caballero tengo poco", pensé—. ¿Puedo atenderle?
—Pues sí, no sé cómo, pero de la manera más absurda, rompí el cable del teléfono y quiero algo que sirva para lo mismo.
—Vale, déjeme ver... Sí, aquí tengo algo parecido.

Pago, me entrega el cable y salgo. Fuera está lloviendo. Una tormenta inexplicable. Paro un taxi. El taxista, tras preguntarme la dirección y contestarle que voy al mar, reacciona con una mirada extrañada, como diciendo: "¿qué no ves que está lloviendo, imbécil?", pero no dice nada y conduce. Yo miro por la ventanilla.
Llegamos a la playa, pago, bajo y corro hacia el mar. Me doy cuenta que he olvidado el cable y los limones en el taxi. No me detengo. La lluvia entonces se me antoja suave y cálida, el agua del mar, reconfortante.

Y ahí estoy, nadando en el mar, entonces me propongo llegar a la boya aún con la ropa y zapatos puestos. Imposible, el peso de todo lo que llevo encima me está hundiendo. Así que me sumerjo y bajo el agua empiezo a quitarme los zapatos, salgo a respirar y aprovecho para también quitarme la chaqueta. Mucho mejor.

Al final llegué a la boya prácticamente sin ropa y cansado, una vez estuve ahí, me di cuenta de lo absurdo que estaba comportándome, era imposible que fuera yo, ese tipo de cosas no las hago, sería absurdo, y sin embargo, ahí estaba, bajo la lluvia, dentro del mar, cogido de una boya, casi desnudo y pensando en lo absurdo.

Ahora que lo escribo ya empiezo a notar lo absurdo como elocuencia, como dictaminando las letras, como organizando los pensamientos, y no era eso lo que pretendía. Recuerdo que después de salir del mar y verme casi desnudo, me dió un ataque de pánico que luego se convirtió en vergüenza y que luego se transformó en inquietud, ¿cómo volvería a casa? Tras varios intentos, un taxi se compadeció de mí y llevo de vuelta a mi piso, donde me tuve que enfrentar al problema de las llaves... Pero mi suerte es grande y mi chica ya estaba dentro, así que lo único que tuve que hacer fue tocar el timbre y luego explicar mi estupidez, aquella de volver casi desnudo, sin llaves y contarle lo del mar y lo absurdo..., que entre más lo hablaba más absurdo lo veía. Pero ella me conoce y sabe que me gusta eso de los experimentos y no me echa broncas. Eso sí, han pasado un par de semanas y aún arrastro una tos impresionante, y el teléfono sigue sin cable. ¿Absurdo? No, que va.

Y eso, 
aquí no encontrarás 
"Fragmentos de lecturas de lo absurdo", esto es un blog decente.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Greenpace. El matadero de cerdos.



El matadero de cerdos que está cerca de mi casa lo quieren demoler. Es una pena pero así es. Greenpace ha ganado su lucha y ahora no habrá carne por estas zonas, o por lo menos carne fresca no. Así que he decidido escribir un artículo sobre el tema, mismo que publicarán dos periódicos locales y una revista de tiraje nacional. No busco nada, pero creo necesario que exista un equilibrio justo. Ay, la justicia... Sobrevalorada palabra. ¿Quién determina qué es justo? ¿Un tribunal?, y de ser así, ¿cuál? ¿Leyes humanas?, ¿estamos de broma? ¿Dios? ¿Las sociedades? ¿Normas cívicas? ¿Mi madre?, ¿la tuya?

En fin. Empecé por documentarme sobre temas relacionados con la carne a nivel biológico y cómo es, en su justa medida, necesario para el desarrollo del humano. Luego visité a un nutriólogo que insitía en que el humano necesita carne para vivir. "La NECESITA", me decía acentuando la palabra como si fuera una verdad absoluta. También consulté a un nutriólogo naturista, que en realidad estaba especializado en la comida macrobiótica y que tenía buenos fundamentos para casi convencerme de que dejara la carne y que me centrara en la espiritualidad, que no llenara mi cuerpo de basura, de residuos. De verdad que estuvo a punto de convencerme, si no es porque un día, tras cuatro sesiones con él, pude verle las costuras cuando me habló de la alineación de los planetas y que el no sé qué estaba en la casa de no de dónde o quién. Cosa rara que interpreté como charlatanería. Tras recolectar esta información, empecé a realizar encuestas a mis amigos, familia y gente cercana. Entonces fue cunado me puse con ello en el ordenador, a pasar en limpio los apuntes y una vez que los tuve, fui al matadero para ver cómo estaba el tema ahí, donde perderían sus empleos doce personas en el transcurso del mes.

Al llegar, con la cámara y una mochila en la que llevaba varias cosas, ya me esperaba en la puerta un hombre que tenía cara de buena persona. Me alegré. Nos saludamos y me dijo que esperaba la visita, que le habían informado que estaba con ellos y que les ayudaría a combatir a los de Greenpace. Yo no contesté y me puse con las fotografías. Todos estaban contentos conmigo, me veían algo así como a un salvador y por más que les insistí que solamente era un reportaje informativo el que estaba realizando, ellos no perdían la esperanza de que por mi artículo, no demolerían el matadero y como consecuencia, conservarían su trabajo.

La sangre era una barbaridad. Pensé por un momento en que era buena idea demoler aquello. El chillido de los cerdos era lo que más me costó asimilar; el olor como sea, pero aquel sufrimiento que emitían justo cuando les clavaban el cuchillo en el cuello, es hasta hoy uno de los sonidos más desagradables y desgarradores que he llegado a escuchar. Esto me hizo reflexionar sobre la carne y su asquerosa procedencia, tema del que ni el especialista en macrobiótica pudo ejercer tanto convencimiento sobre mí y mi manera de alimentar mi cuerpo.

Cuando hube terminado con las fotografías, les hice algunas preguntas sobre las instalaciones, fechas de apertura, número de cerdos muertos, kilos de carne vendida..., temas que me ofrecieran una visión más amplia sobre la economía y lo que producía el matadero. Luego me despedí de aquella gente: gente curiosa: asesinos todos. Antes de salir me regalaron carne.

Cuando estuve en mi piso, llamé a una amiga y le dije que se pasara a comer. Comimos carne, yo comí poca.

El artículo empezó a perder peso con los días. Me dí cuenta de que los de Greenpace quizá algo de razón tenían, ya que alegaban que era una bestialidad lo que en el matadero sucedía, y la verdad, para ser sincero, tenían toda la razón, el problema era que muchas personas se verían afectadas por esta demolición y yo no estaba convencido de que fuera justo.

Concreté una cita con un representante del caso que estaba del bando de Greenpace. Era un chico más joven que yo, le calculé veintiocho años o veintinueve, pero no más de treinta. Desde el primer momento que empezamos a hablar, supe que nos entenderíamos. Su camiseta me gustó, ponía: "Broke the bloke". Creo que hablamos más de hora y media, luego me marché con una chapa de Greenpace, un folleto y la cara de tonto. Fui a Mcdonals, pedí una ensalada.

Empecé a entrar en una depresión de la que no conseguía salir. Recibía llamadas del nutriólogo: "Come", me decía. Otra del especialista en macrobiótica: "No comas", decía este. Los trabajadores del matadero llamaban para animarme: "No te rindas chaval, estamos contigo, por cierto, pásate cuando quieras por carne, tenemos una buenísima", y se quedaban anchos. De Greenpace recibí una carta sellada por un notario:

"Respetable Sr/a:

Nos dirigimos a Usted para informarle sobre nuestras actividades notariales y asuntos peritarios que estamos dando inicio en contra de su campaña bla, bla, bla..."

Afirmaban que tenían un séquito de abogados, un bufete de abogados muy potente que actuaría si mi artículo aparecía publicado. Lo primero que pensé fue que no era justo y que estos hijos de puta no podían ponerse así, por lo que llamé a sus oficinas y concreté una cita con el chaval que había hablado días antes. Ahí estaba él, con su camiseta, una que ahora ponía: "Break of brake". No me hizo ni puta gracia. Para cuando salí de su oficina, ya lo había insultado tanto que su sonrisita ahora era una cara de ira. Tenía apariencia de ser mayor que yo, ya no parecía tan joven.

Cuando llegué a mi casa y hablé con los periódicos y la revista, les expliqué el caso y les dije que la carne daba asco, que solamente me había metido en problemas. A los tres les hice la misma broma, luego me justifiqué explicando que no escribiría el artículo por movidas turbias con Greenpace. Entendieron y uno de los periódicos escribió una reseña sobre Greenpace, una que los ponderaba como los buenos, hacía justicia sobre ellos.

Fue entonces cuando entendí que la justicia universal no existía y ya que hoy lo recuerdo, lo escribo para que lo sepas.

domingo, 24 de noviembre de 2013

¡Fanzines, no!

 

Por debajo de la puerta de la entrada de mi piso veo salir agua. Yo estoy en el pasillo y por un instante no estoy seguro de que sea real lo que estoy viendo: agua saliendo por debajo de la puerta de la entrada de mi piso, no puede ser real esta mierda.
Busco las llaves en mi bolsillo y abro. Un torrente de agua brota desde el interior, inundado el pasillo, las escaleras y la rendija de la entrada del ascensor. Estoy flipando, aún así entro para averiguar qué es lo que pasa, de dónde viene el agua. Un vecino me grita algo que entiendo como un ¡joder, qué coño pasa!, pero no hago caso y me adentro a la cueva húmeda en lo que se ha convertido mi vivienda. Veo cómo algunas cosas pasan por delante de mí flotando: libros, novelas gráficas, ¡fanzines, no!, intento rescatarlos pero es casi inútil, están del todo empapados.
Por las marcas que ha dejado el agua en los muros, deduzco que ha alcanzado casi un metro de altura, ¿pero esto qué es? Todo está mojado y sigo sin descubrir de dónde viene el agua, o de dónde vino, qué fue lo que la originó. Me asomo a los baños y nada, no hay un "caos" que me dé señales de inundaciones; ni  tuberías rotas, no hay indicios de que el WC o el lavamanos o la ducha estén reventados. Las habitaciones más de lo mismo, a pesar de que el colchón prácticamente estuvo inmerso en agua, ahora yace escurriéndo en reposo su desdicha. Las ventanas están cerradas y la cocina en las mismas condiciones que todo lo demás, el agua ha causado un total desastre. El vecino que antes me gritaba, ahora se asoma por la puerta ofreciendo ayuda, se lo agradezco pero le digo que no sé qué ha pasado, él entra y se pone a buscar algo que nos pueda dar pistas del suceso, pero nada. Fuera del piso ya hay un alboroto. La gente está alterada por tanta agua que recorre los pasillos, algunos saben que todo el origen del desastre viene de mi piso y no tardan en asomarse por la puerta. Esto se está saliendo de control, empiezo a ver a demasiada gente dentro de mi piso, tocando mis cosas; no quiero esta mierda, así que antes de entrar en pánico, les pido una disculpa y los echo, necesito estar tranquilo y empezar a limpiar este desastre, menudo desastre. Flotan los fanzines, ¡no!, por dios, los fanzines no...

Veinte minutos pasan, llega la policía y lo demás es un rollo que no me interesa contar, papeleos y esas cosas. Del origen del agua nunca se supo nada, es un misterio, es el misterio de mi finca. Lo de los fanzines directamente es una putada, algunos no los he podido recuperar.

Y ya está, eso es todo.